Ella pinta con la levedad de la luzPor Perán Erminy ¿Qué clase de pinceles y dónde los habrá conseguido Eglee Manzo Travieso para pintar sus maravillas? Y, ¿donde compraría esos papeles, sobre los cuales todo lo pintado luce tan bello? Y son tan blancas sus superficies que, bajo la transparencia luminosa de los colores con los que la artista las cubre, logran resplandecer su blancura hasta convertirla en la propia luz de la mañana. ¿Cuál será el secreto de estas obras? ¿Qué me perdone Eglée por lo que voy a decir, pero tal vez no sea ella quien las pinte, sino un ángel. O, al menos la ayuda un ángel. Si es que los ángeles existen. En todo caso, eso no le restaría mérito a las obras ni a la artista. Ya había sucedido en el Renacimiento. Además, supongo que no será nada fácil contar con la ayuda de un ángel. Y, después de todo, una acuarela no le puede causar daño a nadie, los ángeles sí pueden ser terribles. La tradición acuarelista venezolana tiene mejor continuidad en la producción creadora de Eglée Manzo Travieso. Con sus obras Eglée demuestra que no es necesario ser vanguardista ni renovadora de las artes, ni romper o transgredir las normas establecidas, para ser una buena artista, como lo es ella. La acuarela es, tal vez, la más difícil de las artes. No admite errores ni enmiendas. Tiene que realizarse de una sola vez, casi desde el primer impulso. Y, por eso, paradójicamente, parece muy fácil. Es lo que ocurre con las acuarelas de Eglée. En su caso se creería que el pintar no es un trabajo que implique mucho esfuerzo ni mucha dificultad. Para ella es algo más leve, algo que realiza, como diría Eugenio Montejo... “con el rumor del viento”. No cabría en estas líneas el análisis ni la interpretación de estas obras, pero no quiero terminarlas sin destacar en ellas la intuición constructiva, que parece fruto de la espontaneidad pero también lo es de la experiencia creadora y de la razón. Y la admirable armonía de su estructura rítmica y de su luminosa atmósfera cromática. Nunca falta la fina sutileza de los detalles. A veces, hacia el fondo, los colores van palideciendo, como cubiertos por el velo tenue de luz. Lo único que faltaría a estas acuarelas de Eglée Manzo Travieso, a mi gusto, es percibir el aroma de sus plantas, la frescura de la brisa, el silencio.